sábado, 6 de mayo de 2017

La suerte de haber nacido en nuestro tiempo de Fabrice Hadjadj

Fabrice Hadjadj es un viejo conocido de los lectores de este baluarte. El joven teólogo francés cuya peripecia vital ya fue contada en entradas anteriores sobre sus anteriores libros, que suman ya ocho y, con este y otro que aparecerá en breve se completará la decena de un autor desconocido hasta finales de 2011 en que leí su primer libro. Y no he parado. Este que hoy se presenta es la transcripción de una conferencia, editada en un librito breve de poco más de 60 páginas y presentada en un elegante volumen publicado por Rialp.
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En La suerte de haber nacido en nuestro tiempo, Hadjadj, mirando de frente a la Iglesia Católica, establece y delimita las diferencias entre la militancia política y la tarea misionera, que no proselitista, del católico de hoy. Ello le impulsa a llevar a cabo una lectura optimista, irónica y brillante balance de los tiempos que nos toca vivir en el que la esperanza del creyente está por encima de todos los muchos males que nos asedian.
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De lectura cada vez más profunda, aunque sin perder el toque irónico de siempre Hadjadj va poco a poco ocupando el puesto de teólogo de la Nueva Evangelización, al que hay que leer con optimismo, alegría y esperando que su mensaje cale hondo en las nuevas generaciones que se encuentran, como náufragos, en un mundo más paganizado que nunca.

martes, 2 de mayo de 2017

... en defensa de la religión y del Rey

Eugenio Álvarez Dumont pintó a Juan Malasaña apuñalado al coracero que acaba de matar a su hija, Manuela. Esta es la visión que dejó de aquel día en que España entera se rebeló contra un invasor injusto y criminal.
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Aquel 2 de mayo nacieron también parte de nuestras desgracias mediante luchas intestinas que no fuimos capaces de conjurar tras comportarnos como la nación ejemplar, heroica y valerosa que siempre fuimos.
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Aquel 2 de mayo el pueblo de Madrid y tras él, España entera se alzó en defensa de su religión y de su Rey. De su supervivencia y de su Libertad. De su honra y de su futuro.
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Aquel 2 de mayo, el hierro oxidado de la navaja del pastor cortó los entorchados de los Mariscales del Imperio. Los humildes y analfabetos trabajadores de Madrid descerrajaron su odio, en forma de machetazos, sobre una endiosada Ilustración que expandió "las luces", pero también la revolución y la muerte, por Europa cabalgando sobre los lomos de la Garde Impériale.
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Aquel 2 de mayo, el Gran Corso mordió el polvo y se sintió, por primera vez, débil y España, como un sólo hombre de honor dio cuenta al mundo de lo que vale la unión de un pueblo herido cuando el acicate es suficientemente duro y lo que está en juego ya no es nada, porque todo, salvo el honor, está perdido.
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Aquel 2 de mayo, no se fundó una Nación, como nos intentan decir, la nación era ya entonces milenaria. Lo que entonces se asentó es la conciencia de Unidad Nacional que había tratado de imponer a la fuerza la dinastía borbónica un siglo antes sin conseguirlo.
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Y tuvieron que ser otra vez franceses, aquel 2 de mayo, cuando secuestraban a un Borbón que ya considerábamos nuestro, los que, sin pretenderlo, nos hicieron saber que somos invencibles cuando creemos en nosotros mismos y para ello es preciso que el poder y sus bastardos intereses estén alejados porque también aprendimos que las grandes empresas patrióticas nacen en el humilde morral del pastor no en los salones de los palacios... y así seguimos y seguiremos, aunque lamentablemente, cada vez hay más palacios y menos pastores.